dissabte, 22 de setembre de 2007

Per fi!

(Entrada publicada originàriament el 7 de setembre de 2007 al bloc cat.bloctum.com/diferenciairepeticio)

Ja puc mostrar-vos el què he estat esperant amb tanta impaciència!

Resulta que els dies 16 a 20 d’agost va tenir lloc a València el XIV Encontre Internacional de Dones de Negre, esdeveniment que (tal i com va fer-me veure Lucas) valia la pena cobrir per al periòdic Diagonal i per a L’Avanç.

Hi vam ser allà quatre dies, dies que van ser tremendament productius en experiències i com no, en bon material periodístic.

Ahir va eixir el nou número de Diagonal i, amb ell, una petita crònica de l’Encontre. I us seré sincera: se m’ha quedat un regustet amarg en veure com ha quedat, doncs l’espai periodístic ens ha fet haver de mutilar el material recollit fins a límits insospitats. I és que d’alguna manera, jo no servisc per a açò de periodista, m’ho he passat fatal sucumbint a la dictadura de l’espai. És per això que, en aquesta entrada, us mostre allò publicat i, a continuació, l’entrevista sencera a Sacita Israilova i Elena Vilenskaya. Si teniu una miqueta de temps i de paciència, llegiu-la sencera. No us deixarà indiferents.

VALENCIA / XIV ENCUENTRO DE MUJERES DE NEGRO
Mujeres contra la violencia del patriarcado

Lucas Marco / Aurora Mora . Valencia

Del 16 al 20 de agosto mujeres provenientes de las zonas más conflictivas del mundo se dieron cita, convocadas por esta red de mujeres feministas y antimilitaristas.

Mujeres de Negro, la red internacional de mujeres feministas y antimilitaristas, trabajan por la paz denunciando la violencia específica contra las mujeres y buscando la participación femenina en la resolución de conflictos. Este movimiento internacional de mujeres nació en Israel en 1988, cuando un grupo de mujeres palestinas e israelíes comenzaron a manifestarse- vestidas de negro y en silencio - por todas las víctimas, portando pancartas con un único mensaje: “Fin de la ocupación”. Pronto, el movimiento se extendió a Belgrado y al resto de la ex Yugoslavia. A partir de entonces se organizaron los encuentros internacionales por todo el mundo y se empezó a tejer la red de apoyo internacional.

Política alternativa de paz

Del 16 al 20 de agosto se celebró en Valencia el XIV Encuentro de Mujeres de Negro (MdN). Bajo el título Relaciones entre mujeres como política alternativa de paz, las MdN han reflexionado sobre ellas mismas, sobre sus actividades, su evolución y su futuro, haciendo especial hincapié en los testimonios de las mujeres provenientes de las zonas más conflictivas del mundo, como Iraq, Afganistán, Colombia o Chechenia. Un encuentro repleto de mujeres que han sufrido violencias extremas, algunas que buscan cadáveres de desaparecidos en ríos colombianos, otras que desafían la ocupación en Palestina y algunas que recuperan libros de Federico García Lorca de las calles destruidas de Grozni para que la cultura no muera bajo el fuego cruzado. Mujeres comunicándose en decenas de lenguas distintas, desde el parsi hasta el ruso pasando por el árabe, que se emocionan, se abrazan y luchan contra la violencia del patriarcado. Siempre de negro y en un estremecedor silencio.

Violaciones en Sudáfrica
Zulfa Abrahams, Lameez Lalkhen e Yvette Kayonga son tres jóvenes procedentes de Sudáfrica. Lo que más les llamó la atención a la hora de hacerse MdN fue su silencio y cómo éste puede traspasar todas las barreras. Un tema esencial para ellas, ya que como comenta Zulfa “el anterior Gobierno acabó con el apartheid, proclamando la sociedad arcoiris, pero lo cierto es que el racismo está en lo más adentro de cada uno, existiendo aún hoy estructuras postapartheid en Sudáfrica”. Su sensibilidad hacia el apartheid israelí en los Territorios Ocupados las llevó a realizar su primera acción como MdN en solidaridad con Palestina, denunciando el ‘muro de la vergüenza’. Un tema clave en sus líneas de trabajo es el de la violencia contra las mujeres y la infancia, ya que como recuerda Lameez Lalkhen, “en Sudáfrica cada minuto se comete una violación”. Unas estadísticas crueles que les han obligado a organizarse políticamente, siendo su primera prioridad concienciar a sus comunidades.

“Iba por las casas destruidas de Grozni y recogía los libros”

Sacita Israilova es la directora de la Biblioteca Central de Grozni, la capital chechena destruida durante las dos intervenciones militares por parte de Rusia en 1994 y 1999. Aún recuerda perfectamente cuando limpiaba los libros agujereados por las balas, valientemente rescatados de los lugares más insospechados. Las dos guerras transformaron drásticamente el papel de las mujeres, encargadas de salir a negociar y de proteger a sus maridos de las limpiezas rusas. La situación actual en Chechenia es desesperada: con un desempleo del 87%, la mayoría de mujeres viven bajo el umbral de la pobreza. Sólo durante la segunda guerra ruso-chechena 6.000 personas fueron desaparecidas y 100.000 familias tuvieron que abandonar el país.

DIAGONAL: ¿Cómo ha llegado a ser directora de la Biblioteca Central de Grozni?

ISRAILOVA: Con 16 años vine a trabajar a la Biblioteca compatibilizándolo con mis estudios. Toda mi vida está ligada a ella. Durante las dos guerras fueron quemados o deteriorados 2.600.000 libros y dos bibliotecarias murieron. Cuando se acababan los bombardeos, la vida se normalizaba y era más o menos seguro salir. Yo permanecí 56 días en un sótano con mi madre y con 14 vecinos y luego salí para ir a trabajar a la Biblioteca. Seis bibliotecas estaban semidestruidas sin un solo libro. En ellas fue donde empecé a trabajar. Con unas cuantas bibliotecarias, por nuestra cuenta, empezamos a reconstruirlas y todavía no hemos terminado. Había muy poca gente en la ciudad y mi trabajo fue el único sentido de mi vida: iba por las casas destruidas, incendiadas y abandonadas por los vecinos y recogía los libros. De este modo recogí los primeros 3.000 ejemplares. La única palabra que escribí sobre una puerta estropeada al establecerse la paz fue ‘Biblioteca’, porque unía a la gente y significaba mucho. Fue todo un símbolo de la paz. Mucha gente me decía que estaba loca.

“Las rusas y chechenas empezamos a hablar”
Elena Vilenskaya, activista rusa por los derechos humanos, ha viajado a Chechenia y es amiga de Israilova. “Cuando conoces mejor la cultura del otro pueblo, lo entiendes mejor”, afirma en un perfecto castellano. Sobre la guerra en Chechenia, asegura que ha tenido un impacto nefasto en la sociedad rusa ya que, al tener servicio militar obligatorio, muchos jóvenes murieron en ella, además de los desaparecidos y los trastornos de los supervivientes. Los derechos humanos también se han deteriorado en Rusia: “cuando fuimos al Cáucaso, un oficial nos dijo que utilizaron Chechenia como campo de pruebas para toda Rusia y están utilizando los mismos métodos. También hacen limpiezas”. Vilenskaya trabaja con las madres de soldados en San Petersburgo en torno a la educación secundaria y al gran tabú: el conflicto checheno. “Algunas nos sentimos culpables por estas dos guerras, encabezadas por dos presidentes rusos en nuestro nombre”, relata. “Nuestro principal logro ha sido que las mujeres rusas y chechenas empezamos a hablar sobre nuestros prejuicios, contándonos abiertamente la verdad de nuestras emociones y buscando las causas de nuestros prejuicios y sus soluciones”.